Historia de Benalmádena: el yacimiento arqueológico de Torremuelle

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  • martes, 29 de marzo de 2016
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  • En 2002, se documentó en la ladera de un cerro que desciende hasta una pequeña vaguada, junto al margen derecho de un pequeño arroyo, restos constructivos de mampostería y signinum así como algunos fragmentos cerámicos de la época.

    Las intervenciones arqueológicas se emprendieron con motivo del proyecto de ejecución de un vial de acceso en dicha zona; así, se pusieron al descubierto los restos constructivos de la pars rústica de la villa: un complejo industrial constituido por un total de diecinueve piletas dispuestas en batería con orientación norte-sur a lo largo de 50 metros y una habitación anexa por el lado norte.

    Estas construcciones, en líneas generales, presentaban un buen estado de conservación, aunque actualmente se encuentra totalmente abandonados.




    Primeros momentos de la ocupación de la villa romana de Torremuelle. Siglo I d.C.

    Según los estudios realizados por varios arqueólogos en Torremuelle, ha permitido conocer la evolución de las Cetariae en el ager de Benalmádena Costa, durante el Alto Imperio, constatando una casi permanente explotación de los recursos marinos. Constituye pues un claro ejemplo de cómo este tipo de producciones resultan determinantes para la evolución económica de las poblaciones costeras de la Bética.

    Los restos hallados en esta excavación, al encontrarse en una situación cercana al mar y en una zona privilegiada para la fabricación de salazones y derivados, e iniciar así las rutas comerciales para su exportación, han resultado de enorme interés para completar dichas investigaciones, sobre todo en el ámbito socioeconómico.

    Esta factoría, probablemente integrada en un comercio floreciente en los primeros siglos del imperio, además de abastecer las necesidades de la villa exportó el preciado producto en ánforas fabricadas para este fin. Todo parece indicar que, en la segunda mitad del siglo I d.C. atravesó por momentos de dificultad o sufrió un abandono repentino por causas que aún se desconocen.

    De todo ello se podría inferir que, los primeros momentos de ocupación de la villa romana de Torremuelle, de la que se tiene constancia a través de algunos restos y noticias antiguas, estuvo vinculada a la producción de salazones y sus derivados hasta bien entrado el siglo I d.C.

    Estas construcciones fabriles, con evidentes relaciones tipológicas con otros conjuntos conocidos en la Mauretania Tingitana, siguieron unos patrones de asentamiento. La pars rústica se instaló junto a un pequeño arroyo que debió proveerles de agua dulce para la limpieza del pescado; asimismo se ubicaron junto al mar para abastecerse de materia prima (pescado) y sal (necesaria para la maceración de los productos); del mismo modo, este enclave situado frente a un pequeña ensenada o puerto natural podría haber facilitado el embarque y desembarque de los productos que llegaban a la zona. En esta línea de investigación, un dato a tener en consideración es el hallazgo de dos ánforas altoimperiales destinadas probablemente para contener garum en las aguas cercanas a esta ensenada.



    Descripción del yacimiento.

    Hay constancia de que en este enclave se desarrollaron importantes actividades industriales relacionadas con la elaboración de salazones y salsas de pescado o liquamen entre los que el garum gozó de gran fama en todo el mediterráneo y fue considerado como un recurso fundamental para la economía de la Baetica.

    A través de los restos arqueológicos encontrados en Torremuelle, tales como las estructuras murarias, el material cerámico y los restos orgánicos, se ha podido determinar el tipo de producto elaborado y la duración de dicha actividad en este enclave.

    Durante el desarrollo de la excavación arqueológica, las estructuras evidenciaban la localización de un centro donde se desarrollaron actividades fabriles relacionadas con la explotación de los recursos marinos mientras que, el conjunto de ánforas halladas in situ, además de corroborar el tipo de actividad desarrollada, aportaban datos cronológicos y, con el abandono de éstas, la duración de la factoría. Así pues y a tenor del material arqueológico exhumado, se interpreta que este centro inició su actividad en época augustea y sufrió un abandono en la segunda mitad del siglo I d.C.

    Las piletas aparecidas lucen revestimiento de opus signinum para hacerlas impermeables. Salvo la pileta central del conjunto, el resto de las piletas presentan las mismas dimensiones, casi cuadrangulares (2,00 m x 1,80 m y una profundidad aproximada de 2,00 metros. Tradicionalmente se han asignado las piletas de mayor tamaño para la elaboración de salazones y las más pequeñas para el garum; partiendo de esta premisa, barajamos la hipótesis de que, en esta fábrica, se elaboró liquamen en mayor proporción siendo utilizada únicamente la pileta central para salazones. Esta simple suposición podría ser corroborada por el hallazgo en la pileta 12 de restos de garum en el interior de una Beltrán II B y un dolium ansado de pequeñas dimensiones.





    FUENTE: GONZALO PINEDA DE LAS INFANTAS BEATO, JUAN LUIS PUERTO FERNÁNDEZ, MIGUEL VILA OBLITAS, RAFAEL DORADO CANTERO (2004): "Actividad arqueológica preventiva en la factoría de salazones de Torremuelle (Benalmádena Costa, Málaga)" en ANUARIO ARQUEOLÓGICO DE ANDALUCÍA 2004, Vol. 1, 2009, ISBN 978-84-8266-853-6, págs. 2481-2488


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